Bajo la voluntad de Dios
“la adversidad o la enfermedad son herramientas de salvación”
¡Feliz Año Nuevo para todos! Que la paz y el amor de Dios acompañen cada uno de sus pasos en este ciclo que comienza.
Al iniciar enero, es habitual que nuestras conversaciones y redes sociales se inunden de las famosas "resoluciones de año nuevo". La mayoría de estas metas suelen enfocarse en lo externo: mejorar la condición física, incrementar los ahorros, adquirir un vehículo, alcanzar la meta de la casa propia o encontrar un mejor empleo. Si bien estos deseos son válidos, el Evangelio nos extiende hoy una invitación más profunda: dotar nuestro año de un propósito trascendente. Se trata de aprender a actuar desde nuestro entorno real, con el oído y el corazón dispuestos a escuchar la voluntad del Padre.
La lección del leproso: "Señor, si quieres"
En el encuentro del leproso con Jesús, encontramos una frase poderosa que debería ser nuestra brújula este año: "Señor, si quieres...". Este no es un ruego desesperado, sino un acto sublime de entrega y confianza. El leproso reconoce la soberanía de Dios y se dispone a amar la respuesta que reciba, ya sea un "sí" o un "no".
Este concepto es central en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. Al hablar sobre el discernimiento para la toma de decisiones, San Ignacio nos enseña que, para buscar la voluntad de Dios, debemos cultivar una "santa indiferencia". Esto no significa que no nos importe el resultado, sino que estamos abiertos a aceptar cualquier respuesta que Dios nos dé, confiando en que será lo mejor para nuestra alma.
"Si pedimos sanación física, debemos estar preparados para aceptar si Dios prefiere manifestar Su gloria a través de nuestra debilidad, o si Su voluntad es devolvernos la salud plena en el momento oportuno."
El desafío de la aceptación y la santidad
Esta es, sin duda, la parte más difícil de nuestra fe. Cuando los planes no salen como esperábamos, surgen las preguntas y el cuestionamiento hacia Dios. Sin embargo, es necesario recordar que, en ocasiones, la adversidad o la enfermedad son herramientas de salvación más eficaces que el bienestar inmediato. A veces, lo que nuestra alma necesita para alcanzar la santidad es precisamente transitar por el desierto.
Aceptar y vivir la voluntad de Dios es el reto fundamental de este inicio de año. Significa reconocer que tenemos un Dios de poder para quien nada es imposible, pero que también es un Padre amoroso que sabe qué es lo que realmente nos conduce a la plenitud.
Una promesa de esperanza
Si por alguna razón este año ha comenzado con dificultades, no pienses que Dios está ausente. Al contrario, Él está actuando en lo profundo de tu situación. Te invito a:
Aceptar tu presente con humildad.
Confiar plenamente en Su sabiduría.
Esperar con fe, sabiendo que Dios extenderá su mano, te tocará y te dirá al oído: “Quiero, queda limpio”.
Que este 2026 no sea solo un año de metas materiales, sino el año en que permitimos que la voluntad de Dios transforme nuestra vida desde el interior.
